Sobre la crítica literaria, reflexiones.

[…] Todo libro debería leerse hasta tres veces antes de escribir una crítica literaria. La crítica es un proceso creativo que se alimenta de las experiencias de lectura, de sus ecos y matices, de las sombras que proyecta sobre nuestro cuerpo. Así, tercera lectura las ideas puede abrazar una oportunidad más sólida de corporeizarse, de conformar el organismo de su propia corriente. Este discurso bien hallado es dibujado con cada página, empapándose de nuestras notas, esquivando la tentación de los dogmas y las otras piedras del camino. Y así avanza el texto de la crítica, con la generosa alimentación de esas varias lecturas que alumbran el propio horizonte.

Libros en sueño

Dos días y la misma simpática pesadilla. Entro en una librería, una amplia y luminosa en un primer sueño, y otra pequeña, más bazar que otra cosa, pero increíblemente surtida con ensayo y poesía en el segundo. En cada sueño leo los títulos, los acojo en el nido que forman mis brazos; no son más de seis en un sueño y en el otro no los llego a contar, ni siquiera los cojo… En cada librería el deseo rampa campante como un caprichoso rex en plena pampa argentina, salivando ante la visión del ganado, frotándose sus garritas contra las margaritas: el ganado de la pampa no es un ganado vulgar… Cuando llega la dependienta le digo que sí, que me los llevo todos, que ahora paso por la caja pero al cabo de unos minutos decido que no, que no compraré ningún libro… No se puede… En el otro sueño ocurre algo similar pero más doloroso aún pues ante mis ojos todo es poesía japonesa del siglo veinte, poetas contemporáreos míos que quiero leer, poesía persa…

Cuando despierto, al tercer día antes de un tercer sueño, no me resisto y compro dos libros, Cartas y Ensayos Selectos, de Raymond Chandler, uno de ellos… Ahora respiro y vivo mejor y poco a poco voy conociendo al abuelo Ray y leo sus cartas. Mi cerebro se apropia una imagen para sí del viejo, me cae bien el abuelo, y me apropio de una de sus ácidas propuestas para título de un libro: Todo lo que se necesitan son elefantes…

Pero es verdad, piénsalo. El helicóptero de Rajoy tuvo miedo de los elefantes, Rajoy también y compró pantallas de plasma, Cospedal tuvo miedo de los elefantes y compró un paquete de sobres. Temer a los elefantes hace que la gente mienta aunque mentir solo mienten los mentirosos… Soria tiene miedo a los elefantes pero se consuela soñando con trabajar en Repsol «algún día pronto»…

Todo lo que se necesita son elefantes por eso hay premios literarios que los temen y premian la mediocridad… Todo lo que necesitas son elefantes, amada mía. Aníbal lo supo antes que el tío Ray. Yo, al contrario, prefiero los osos hormigueros.

Para leer más sobre Raymond Chandler, aquí un interesante artículo en El País.

Un color, amarillo.

Me revuelco con varias historias y parece que voy ciego. Veo ballenas que son islas e islas que hace años mataban ballenas y tallaban sus dientes. Pienso en amarillo, esa lluvia leve, lluvia carente, pienso en una tribu toda alzando la voz alrededor del fuego. Es la catarsis de unas manos, de un lamento tan antiguo como inútil. Buscan al mago, al chamán, al héroe, al jefe, buscan a otro que no sean ellos mismos. Y así caminan, ellos avanzan, y los pies tan cerca a veces del suelo que comienzan a arde poco a poco… Es casi un silencioso suicidio de la voluntad colectiva, un ritual de esclavizada purificación a través del fuego de la rabia, la tristeza, la furia, la impotencia. Nuestros antepasados se revuelven en el pantano más oscuro de la carne que decide permanecer inane, que murmura, y nada más, bajo las sábanas de sus propios espejismos: «Habrá que limitarse a arder».

Una y otra vez la Historia y dos mil años de Historia para esto… Aunque rueden y rueden los libros empeñados en ensartarnos sobre cada hoja para darnos otra vida y sacarnos a la calle, la tribu nos niega y aparta. Todo cheira a pupilas inmóviles y quemadas.