La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

La cama, media barra de bar abanonada

Tu ropa dejaba un silencio tras de sí, confidencia o soco o silo o refugio nuclear. Ahora nada queda salvo un silencio obcecado, un letime apocalíptico sobre las playas de la isla de Henderson, donde ahora, como en la propia trinchera que nos desangra sobre la cama, se reúnen a morir restos de basura, carne y desechos.

No somos más que media barra de bar, abandonada a la suerte de una medianoche de lunes, donde apenas unas chopas trapecistas y algunas cucarachas mexicanas recalan, para devorarse entre restos de Jilmador y tus cepos de caza cubierto de sosa caústica para lorcas.

Sin título, primeros poemas

Esta noche es perfecta.

Hay luz. Hay silencio.

El cerebro se inyecta de sangre

y la sangre de azúcar y de alcohol

y de tanta poesía

que nunca

cabe en un poema…

*

¿Qué importa

si nos quedamos solos?

Hace tiempo que dejó

de extrañarnos.

El tiempo gira sin cesar,

la vida se multiplica en nuestra retina

y no dejamos de enviar nuestras hordas bárbaras

contra toda la jodida civilización…

¿Qué importa?

*

¿Qué importa el conocimiento profundo

y extraño

de nuestros deseos?

Siempre habrá versos y relatos que no me cuentes,

que yo

no te diga.

¿Qué importa un libro mal escrito unas comillas

extrañas y urticantes…

si baja dulce la absenta nuestras gargantas?

Los abogados van al infierno, y lo sabes;

y los que no quieren ahogarse en su mierda se van de putas,

¡y lo sabes!

¿Qué importa, Loco?

¿Qué importa?

¿Qué importa tu nombre y tu apellido

si te cuelgas de ramas y farolas, si aúllas en silencio,

si no preguntas, sino hablas,

si tras unos acordes te lanzas a bailar con la utopía de un hombre

con la felicidad recitada, con la dicha

que ahora no tienes,

con un tiempo que ahora sólo recuerdas ebrio?

Loco, tienes razón,

nos cuelgan nuestros errores de las pupilas

pero el aire que respiramos es nuestro, y SÓLO nuestro.

 

¡Qué importa si es este poema se suicida de por vida

a sabiendas de que se queda corto,

de que hay toneladas de poesía con las que no puede cargar

sino es con la inestimable ayuda de una botella de algo, un algo de droga,

un todo de poco,

o  mucho sexo de nada!

¿Qué importa, Loco?

¿Qué importa?

Haberte dicho

Debería haberte dicho
que no más soy un asteroide,
una cometa a la caza de palomas,
un globoaerostático voiyeur,
la piedra que disparas con la tiraera.

Haberte dicho
que no soy real hasta que me evado en tus manos,
y me cierras los ojos con dos monedas de 25 pesetas.

La tabaiba

Se refleja en un espejo huérfano,

a diario sueña con la tierra que le arrancaron;

es el recuerdo de un deseo,

la idea de una boca de cristal atrapando libros,

las historias de los portaretratos,

los ronquidos de los cojines de colores sobre el sillón;

el eco de los gemidos en la cocina.

La tabaiba dulce me mira fijamente desde el balcón;

y no conoce nada de mí.

Poems from long ago… 4 de n

Instrucciones para no ser infiel (sólo aplicable a hombres)

 

Coge una

cuchilla de afeitar y

corta

TE
LOS

testículos.

Acto

seguido

cose

TE

LOS

con el hilo de capar toros y cerdos.



Mateo 18:8:
“Si tu mano o tu pie te hace pecar, córtalo y tíralo. Es mejor que entres en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos y dos pies, ser echado en el fuego eterno”

(hecho oído por youtube, sobre un agricultor colombiano)

 

Carnívoros

 

Desgarramos la yugular del mundo

a mordidas,  arrancamos con nuestras manos

la carne que nos ofrecía la Vida.

Después del banquete,

dedicamos unos minutos a lamernos

la sangre  del hocico el uno al otro,

pues esa noche podíamos dormir tranquilos de nuevo.

 

 

A Propósito del Tiempo que Tarda la Luz en Recorrer un Metro de Distancia

Contigo, sólo alcanzo a medir
la precisión del tiempo que nos mueve:
nos alejamos; orbitamos el uno al otro;
recorremos erráticos el laberinto de cesio del reloj;
nos acercamos.
Contigo, la distancia que nos separa
huye de medidas exactas.
La distancia que nos acerca
es difícil de precisar
y, sin embargo, la luz que compartimos
recorre, imperturbable, 1 metro de espacio en 0,00000000333564052
segundos de tiempo.

publicado en Confluencias (BeginBook, 2010)

Una verdad imperfecta

La maravilla azul empuja hacia el desierto.

El corazón avanza a tientas entre cientos de acequias de plata

entreveradas por las dunas e infinitos caminos.

A lo lejos, unas montañas de silencio insinúan seres ancestrales,

gigantes aparecidos tras el velo de un agua imperceptible

que busca, sin cesar, su primer recuerdo…

Cuando amanezca, nada cambiará.

La luz apenas ofrece una verdad imperfecta.

Las sombras

Descansan

también de noche

las sombras

 

cuando la luz apenas se agita

y las luces centellean

 

pegaditas al suelo.

El Desvelo

             Silencio y oscuridad se confunden. No sabes dónde estás pero ya abres los ojos. Con la mano tientas el aire y la respiración. Al principio es contenida, exhalada en la tensión calma de unas velas, en la mirada que lanzas y el cedazo del iris a la espera de una buena captura, cuerpos o islas que quizás nunca existieran. Mientras tanto la pupila palpa y dilata gritando por un poco luz, pero nada ves, nada; al menos, de momento. Y crees que arriesgas cuando te incorporas de no sabes dónde, cuando avanzas tus pies, el paso del uno detrás del otro, con ambos brazos extendidos y vacilantes como antenas de una cucaracha hambrienta en plena noche de verano. El tiempo no ha hecho aún acto de presencia pero en cuanto resuena tu estómago tomas conciencia de que no sabes cuántas vueltas, cuántos caminos, cuántos vuelcos has dado ya, cuántos los errores fueron los cometidos… aunque ahora la tensión despierta de otra manera.

Allá al fondo y en el medio de nada, un haz ínfimo de luz atraviesa la oscuridad e ilumina un punto en el espacio. Piensas entonces que hoy sí, que hoy sí podrías llevarte algo a la boca, y en cuanto olvidas tus temores inicias la maniobra. Te acercas despacio, cimbreando el extremo de los dedos, reconociendo el aire con los labios. Ya no encuentras obstáculos, ya nada te obliga al suelo, desde todas direcciones la experiencia del momento que avanzas te empapa y, al llegar a la luz, pausadamente dejas que beba de ti, por un instante, entre esta nueva incertidumbre y desvelo. Lees[i]:

 

Acostumbrados como estamos, hablo.

Como cualquiera; de lo que acontece.

Pero también, por causas mejoradas

mi cuerpo tiene la palabra: él solo.

Se pronuncia de forma que parece

que fuera por entero lengua mía.

Parezco conversar, hablar por medio

de mi comportamiento otro lenguaje;

dialogar con las olas, los peñascos,

con las gaviotas; única manera

de entendernos, afines, naturales.

 

[i] “El otro lenguaje”, de Canción atlántica, Manuel Padorno

Amor y erotismo, algunos primeros poemas

LA LUZ Y EL GALLO

 

Me arden mucho más los párpados

desde que estoy contigo,

con este olfato de gallo para la luz

de entre tus piernas,

bajo la finísima piel de los acertijos

ensimismados con tu boca,

en pugna por conquistar y poseer

todo lo que queda de mi maltrecha

y cardíaca retina.

 

 

PARA UNA FOTOGRAFÍA

 

No encuentro gravedad

en el agujero negro que habita tus ojos
por eso me mantengo alejado de ti:

las leyes de la física son inmisericordes.

No puedo dejar de mirarte,

aunque me ciegue el luto viejo de tus canciones,

 

la derrama eterna de tus labios…

¿Quién eres? ¿Qué haces ahí sentada

a lomos de dios?

¿Qué se me ha perdido en medio

de tu carne?