La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Notas para el silencio

Y si se pierde el silencio en medio de un nuevo ruido, ¿acaso perderse no es un hallazgo también genuino, una sorpresa, un otro silencio al que se abraza, abandonando al primero?

“LIMEN” en Epitafios, de Antidio Cabal

«Estos epitafios conciernen a los muertos y a los vivos muertos, es decir, a quienes están sobre el sepulcro y a quienes están debajo de él. No hay diferencia categórica entre ellos, salvo distinción modal. Obvio que forman dos partes de una parte. No se encuentran a extramuros de la misma identidad, comparten el relampagueo. No pasa de ser un movimiento de la carne, más en la cuestión, valorando la cosa ónticamente o epistemológicamente o épicamente, sin aspavientos culturales condicionados por conocimientos condicionados, entre una carnicería y un cementerio, o entre un cadáver y el mobiliario. Esto encaja en la teoría del conocimiento y en las premisas de la intuición. La lírica rige todo esto, la épica rige todo esto, en tanto en cuanto —tanto en cuanto— la poesía tiene apetito y axiología finita e infinitamente. Tomar en cuenta que el carnicero es un  cadáver vivo y el sepulturero es un cadáver vivo. Pasado un tiempo, uno y otro serán cadáveres muertos.

Cierto es que en las carnicerías no ponen rosas y en el cementerio sí. Esto hay que corregirlo.»

Epitafios, de Antidio Cabal, editado por Kriller71.

El desvelo, primera parte

Silencio y oscuridad se confunden. No sabes dónde estás pero ya abres los ojos. Con la mano tientas el aire y la respiración. Al principio es contenida, exhalada sobre la tensión calma de unas velas. Lanzas con la mirada un cedazo del iris a la espera de una buena captura, detalles, percepciones de medio cuerpo, promesas de sirena y una tranquilidad que, quizás, nunca existió… Mientras tanto la pupila palpa y dilata como gritando por un poco luz pero nada ves; nada. Al menos de momento. Y crees que arriesgas cuando te incorporas de no sabes dónde, cuando avanzas tus pies, el paso uno tras del otro, con ambos brazos extendidos y vacilantes como las antenas de una cucaracha sofocada en plena noche de verano. Y el tiempo no ha hecho aún acto de presencia, pero en cuanto resuena tu estómago tomas conciencia de que no sabes cuántas vueltas, cuántos caminos, cuántos pasos has dado… pero ya la tensión es otra. Allá al fondo y en el medio de nada un haz ínfimo de luz araña decidido la oscuridad e ilumina un punto en el espacio. Piensas entonces que hoy sí podrías llevarte algo a la boca, y en cuanto olvidas tus temores comienzas la maniobra; te acercas despacio, cimbreando el extremo de los brazos, reconociendo el aire con la punta de tus dedos. Ya no encuentras obstáculos, nada ni alguien saltan a tu encuentro, y nada te obliga al suelo. Desde todas direcciones la experiencia del momento que hilvanas te empapa y, al llegar a la luz, pausadamente dejas que beba de ti el eco de una nueva incertidumbre:

Acostumbrados como estamos, hablo.

Como cualquiera; de lo que acontece.

Pero también, por causas mejoradas

mi cuerpo tiene la palabra: él solo.

Se pronuncia de forma que parece

que fuera por entero lengua mía.

Parezco conversar, hablar por medio

de mi comportamiento otro lenguaje;

dialogar con las olas, los peñascos,

con las gaviotas; única manera

de entendernos, afines, naturales.

“El otro lenguaje”, de Canción atlántica, Manuel Padorno.

Ruido o Luz, crítica literaria

He doblado sobre las hojas las coordenadas que me dieran, he descubierto un nuevo braille en las esquinas del papel. En este mapa de lecturas puedo recordarme, rescatar del tiempo lugares que leí, voces que escuché y que llegaban de los confines del universo, que parecían hablar de mí y de ti, de todos nosotros, niños dibujando historias entre las estrellas:

(N 28º 29’, 16º 18’)

 

Miran los niños la cúpula

del planetario

 

El cielo dibujado

cuenta una historia

que ya apenas recuerda

la memoria de la especie,

cuando caminábamos tras una estrella

cruzando la sabana

hacia el norte

 

Por mucho que te tensan los ojos

los pibitos no ven

o no recuerdan

Sólo ven puntos

 

Desordenados

 

En Ruido o Luz (Ediciones Amargord, colección. ONCE, 2013) doblar las páginas por sus extremos acrecienta el juego que nos proponen los autores, Daniel Bellón, Carlos Bruno y Ernesto Suárez; un juego que nace de un planetario y que sorprende con una «obra poética colectiva y multidimensional», con un cuerpo y una voz que parece no ser fácil de encontrar en las estanterías. Ruido o Luz consolida, además, la realidad de la poesía en Canarias, una realidad variada y rica, que literariamente no tiene dificultades en traspasar a la poesía que se publica y promociona en el territorio peninsular español. Y al mejor conocimiento de esta realidad, la editorial Amargord continúa contribuyendo, haciendo cada vez difícil que el desconocimiento y la ignorancia, que aún se vierte sobre la poesía hecha (y hallada) en Canarias sea un hecho explicable o no avergonzante. Y es que desde los años 90, en Canarias ha crecido una diversidad poética continúa desarrollándose; en pocas líneas, podríamos hablar en esos años de las corrientes syntáticas y voces como Rafael-José Díaz en Tenerife, y de Federico J. Silva, Pedro Flores, Tina Suárez Rojas, Rafael José Franco, entre otros en Gran Canaria, y llegar así a nuestros días con voces tendentes a un universo intermedio, un volcán del medio, literario donde parecen ubicarse (al menos de momento) Iván Cabrera Cartaya y Alba Sabina Pérez (desde Tenerife) y Acerina Cruz, David Guijosa y Rayco Arbelo (inédito) en Gran Canaria, entre otros. La editorial Amargord aporta aquí, y una vez más, su esfuerzo editorial al imagen siempre dinámica la Poesía en Canarias, confirmando, en este caso, la existencia de poetas para los que la poesía es lo fundamental.

Ruido o Luz nos acerca una voz imposible de diseccionar si queremos desnudar sus partes constituyentes, y ya desde el primer poema declara un ritmo y colores que permanece a lo largo de toda la lectura. Y aunque la propuesta poética parezca acomodarse en varios poemas de Geodesia, la tercera parte del libro, el equilibrio poético no se ve afectado y no se maltrata el encuentro radical entre el lector y los poemas, entre el lector y la poesía.

 

(N 28º 45’, O 17º 53’)

 

la luz nos oculta la luz

para ver

hacemos uso de lo oscuro

 

 

(N 28º 18’, O 16º 31’)

De un golpe venimos             de la reventazón

de un tiempo y un espacio encerrados

en apenitas una casi nada         De una violencia

original nacimos y vamos repitiendo

la onda expansiva

 

Matando por miedo a la muerte

esta abstracción se concreta

en las páginas de nuestros diarios.

 

 

En Ruido o Luz, un poemario de cuatro partes más un epílogo y una elucidación entrañable y cercana, nada sobra. Atravesamos historias, sueños, ecos de tierras y universos lejanos, ciudades invisibles y reconstruidas por mecanismos diversos, reflexiones más o menos veladas, como el eco de una tierra que orbitara una constelación de tres estrellas sonoras:

(N 33º 18’ E 43º 37’)

 

El sabio decidió

no disponer más nombres de estrellas

(se le acababan los alfabetos)

no invento más para las constelaciones

(se le agotaban los mitos las bestias y los objetos)

 

murmuró Omar Jayyam

las estrellas se apagan

regaló al sultán un calendario

el más preciso que los tiempos vieron

la caravana alerta

            pidió una copa de vino

sonrió triste o socarrón

parte ya hacia la nada

            ¡ya es la hora, despierta!

 

El sabio cerró los ojos y respiró

el sabio dejó de oír el ruido y las voces

dejaría pasar cien mil años

y entonces moriría en paz

 

La propia escritura de los poemas quiere acercarse al lector, de la mano de un estilo directo, como de cuentacuentos a veces, y una escritura comedida y tranquila que nos propone averiguar el significado de los silencios, su lugar en la comunicación, proponernos la pregunta del Qué, qué es eso que hace perfecto al silencio, a los silencios que habitan la lectura, el espacio entre estrofas; Qué hay más allá de este lugar donde acaba el poema, entre página y página.

 

(N 40º 4’, O 74º 44’)

Tras el azul

 

extraña condición alzar afuera

del confín del planeta

el telescopio necesario que nos muestre

tanta luz

lejanísima

 

contar

una a una

esas sombras iluminadas

 

dos mil seis mil

galaxias que fluctúan

más allá del campo profundo

 

calcular hasta los cientos

de miles

de millones

los solitarios globos que giran

alrededor de

toda esa luz toda

pero eso y más dado por bueno

si existiera algún cielo otro:

 

demasiado infinito para un solo azul respirable

 

demasiado límite

 

demasiado anhelo

(Hubble, 25 de septiembre de 2003)

 

Además, en lo que respecta al ritmo, cada poema logra decirnos como quiere ser leído de manera que la no puntuación extraña y se asimila naturalmente, transformando así la lectura un observatorio, ubicado en algún espacio exterior, desde el cual podemos reconocer la naturaleza germinativa de los poemas que vienen de profundo, de algunos de los dolorosos lugares de la realidad. Y se abren paso, entre la materia negra, y nos piden que tengamos el coraje de preguntar, de cuestionarnos:

 

(N 33º 35’ O 7º 37’)

En Casablanca explotan hombres-bomba

 

El astrónomo recuerda al viejo de la montaña

cuando era una joven zarza ardiente,

delgado como una caña consumida de fervor.

 

¿Cuándo el místico se viró mensajero

de la matanza? ¿De qué sustancia alimenta

a sus suicidas? ¿Cuándo imaginó la palabra

asesino como sinónimo de predicador?

 

EL astrónomo aguza la vista: las estrellas se mueren

El cielo se vacía. Cada explosión de Casablanca

es un agujero negro. Toma notas. Murmura:

[…]

El cielo se vacío

¿Escapa algo a un agujero negro?

 

Ruido o Luz es, en definitiva, un libro de poemas para muchísimos lectores, un libro que nos recuerda que la poesía no se constriñe (ni debe hacerlo) a la tiranía de la rima ni los egotismos lingüísticos, y mucho menos a la pretensión de exhibir etiqueta y título, fama o tribu. En él la Poesía anida y sabe mostrarse de diversas formas, con ropas distintas y los necesarios accesorios gracias a una letra sencilla, pero no simplicista ni simplona, con ventanas abiertas a la metáfora y sus entendimientos, al encuentro del pensamiento y las pequeñas verdades.

El libro en la editorial Amargord, aquí.

Web de Daniel Bellón, aquí.

Entrevista a Carlos Bruno, aquí

“La memoria mixtificada”, extractos para una ponencia de Lázaro Santana

El poeta y crítico literario Lázaro Santana, pronunció el jueves 21 de mayo de 2009, en la Sala Saramago de la FCM, la conferencia La memoria mixtificada, dentro del foro de reflexión Foro Archipiélago. En ella, Lázaro Santana hizo un repaso por la crítica que se ha hecho en las islas en los últimos treinta años respecto a los autores canarios, y señaló que a esta crítica

“la falta objetividad y le sobra chovinismo”,

que es

“inflexible e intransigente y el que se opone no es un discrepante, es un enemigo que ataca a la esencia del ser canario”.

Para llegar a esta conclusión, Lázaro Santana comenzó con unas consideraciones generales sobre el pasado y la memoria, y se sirvió de un cuento de Borges en el que al protagonista le dan la opción de conseguir una memoria prodigiosa y quien, sin embargo, escoge la posibilidad de poder olvidarlo todo.

El escritor expuso que mientras que desde la Poesía se suele mirar al pasado como un tiempo siempre mejor, existe también un miedo atávico que genera la necesidad de falsear el pasado porque

“Solemos adaptar la realidad a nuestros intereses”.

Para subrayar tal miedo, recurrió a la alegoría del desván en el que se guardan los fantasmas familiares y en el que no hay más que una muñeca rota… Es en ese momento, cuando se presenta la opción de aceptar lo que se ve, la realidad, o de seguir creyendo que lo que se imaginaba es lo cierto:

“En lo personal, cada uno es dueño de su imaginación, pero esa opción sobre la historia hay que denunciarla”.

Y esto es lo que comenzó a hacer Santana en su intervención, respecto a la crítica y estudios literarios de autores canarios en las últimas décadas. Señaló que

“la mirada provinciana casi siempre falsea la realidad”

y que, al analizar lo más cercano,

“podemos perder la perspectiva y tendemos a magnificar lo que analizamos”.

Destacó que en ocasiones tal crítica y estudio se hilvana desde un enfoque político, interesado y distorsionado, y que, en otras ocasiones, se hace por un cierto sentimiento de orfandad que desea, sobre todo, que nos sintamos“ protegidos por el pasado”.

Durante la ponencia, el escritor dio ejemplos como el caso de la poesía de Domingo Rivero de la que, recordó, se ha llegado a decir que es superior a la de Unamuno, algo insostenible, a su juicio, y añadió que este hecho se da porque se quiere

“construir un ascendente fuerte desde el que partir”.

También destacó que la interpretación que se ha venido haciendo de Nicolás Estébanez, como abanderado del nacionalismo canario, es falsa, ya que este fue esencialmente universalista y anarquista, y señaló que de su poema Canarias se ha hecho “una interpretación torcida”.

Otra de las mixtificaciones realizadas con autores canarios, apuntó Lázaro Santana, se refiere a los surrealistas. En concreto, considera que se ha magnificado la visita de André Breton a Tenerife en 1935 para enlazar directamente a los autores canarios con los franceses y negar los lazos con el surrealismo esapñol, algo que el crítico grancanario atribuye a un “complejo de inferioridad”, pues la influencia, tanto de Alberti como de Jiménez Caballero, sobre los autores canarios es, en su opinión, clara:

“La vinculación intelectual de los vanguardistas canarios se produce con autores de la Península casi exclusivamente”,

Al respecto, señaló que Canarias sí aportó dos buenas figura al surrealismo: el pintor Óscar Domínguez y Agustín Espinosa.

Frente a esta actitud, destacó como un exceso insostenible que se haya dicho del libro Lo imprevisto, de Domingo López Torres, que es “uno de los mejores libros del surrealismo”. Para Lázaro Santana, estas consideraciones tuvieron cierto sentido en 1975 tras salir del franquismo “pero ahora ya no”. Santana citó también el caso de una exposición del grupo Pajaritas de papel (1928-1930), formado por Domingo Pérez Minik, entre otros, que organizó el Gobierno de Canarias. En el texto del comisario incluido en el catálogo de la muestra, Santana encontró otro “ejemplo de irresponsabilidad crítica” ya que en ese texto se consideraba la “fundacional” e “ingente labor creativa” del grupo, cuando ellos mismos se definían como creadores de arte doméstico.

Para concluir su exposición, se abordó un ejemplo histórico de este tipo de mixtificaciones. Se refirió al pasaje narrando por el alférez Alonso Jaime Sotomayor, quien participó en 1483 en la conquista de Canarias junto a Juan Rejón. En ella, se cuenta que un canario viejo le dio a Rejón buena información para comenzar a invadir la isla de Gran Canaria. Tiempo después, algunas crónicas convirtieron a ese canario viejo en una canaria y posteriormente, en Santa Ana. Al respecto, apostilló el escritor que, en el fondo, “los que se ocupan de la crítica deben elegir si al final de su estudio se quedan con el canario viejo o con Santa Ana”.

Echado frente a una vela

A veces el llanto

se alonga al borde del precipicio.

Llega, besa la carne que pisa,

se asoma y estira un brazo,

comprueba la fuerza del viento con la mano

y espera, quieto, la llegada de la luz.

A veces el llanto

asiste protagonista a la quema de sus brujas y herejes,

sucumbe al hechizo del fuego,

contempla la quema lenta y dulce

de su piel, y la carne y sus huesos.

A veces el llanto

se pregunta por qué,

por qué ese deseo blanco,

por qué esa ansia silenciosa de desnudez

que levita tan cerca del suelo,

por qué, frente a una vela, desea llorarse,

abandonado entre las sábanas.