La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Extraños

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Duermen bajo una luna imperceptible,

luces sólo tras una cortina de verano,

inoportunos, de una necesidad.

Millones que vuelven a diario

como si en el regreso encontraran

algo de paz, y algún sosiego.

Viven en cuevas,

ablandando las migajas que caen.

Terça feira, 18/11/2014

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El goteo incesante y la voz de chorro al caer,

el murmullo incomprensible de los guiris

-esta sordera cerrada, impagable-

 

… Esta letra ilegible de los viajes en metro…

 

 

 

Taza de café,

pan y presunto e queijo

en lonchas.

El amanecer despierta

y el horizonte es una orquesta

muda y sin instrumentos,

una bella muerte que duerme

sobre tu cama; que te espera.

Y el sol mientras tanto más allá,

além dos luceros y das estrelas,

além das luces dos coches

que viven de noche.

Que se oculta a mi llegada.

Ellas nunca se cansan

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Una lágrima sobre el ventanal

me separa de los cristales.

Dormidas, y casi invisibles,

las palabras mecen libros

en silencio…

 

…Ellas nunca se cansan.

Carta al padre, traducción de “Carta ao pai” de João Tordo

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CARTA AL PADRE

de João Tordo 19/02/2014 – 11:21

El escritor João Tordo publicó en su blog una “carta al padre”, el músico Fernando Tordo, que, a sus 65 años, emigró para Brasil. Se trata de un testimonio conmovedor que aquí reproducimos íntegro.

Ayer, mi padre se marchó, finalmente. Hacía poco que regresó y ya se fue, emigró a Recife y dejó este país, donde nació y donde vivió durante 65 años. Su jubilación sería, por aquí, de unos docientos y pocos euros, más una pequeña “pensión” de la Sociedad Portuguesa de Autores que habría servido, durante los últimos años, para pagar el coche con el que se movía por Lisboa y hacia los conciertos que fue dando por el país. En esos conciertos hubo salas llenas, medio llenas y, a veces, casi vacías; siempre lo hizo (era su trabajo) con una sonrisa en los labios y buen ánimo, para ganarse los garbanzos.

Ayer, cuando me acosté, me sentí triste. Y, al mismo tiempo, me sentí feliz. Triste, porque es más normal que emigren los hijos y no los padres (aunque Portugal tal vez ha sido capaz de conseguir invertir esa tendencia). Feliz, porque admiro su coraje para comenzar de nuevo en un país que casi desconoce (y donde casi lo desconocen), yéndose como se va animado por las cosas nuevas que allí encontrará.

Todo esto son cosas personales que no interesan a nadie, excepto a la familia del señor Tordo. Sucede que mi padre, guste o no su música, es una figura pública desde que era yo muy pequeño y, por lo tanto, su partida, que se limitó a anunciar en Facebook, donde mantenía contacto regular con sus amigos y admiradores, acabó por convertirse en algo mediático Y es esa la razón por la cual escribo: porque, casi sin quererlo, leí algunos de los comentarios sobre su marcha.

Mucha gente se despedía de él con palabras de ánimo. Otros, a pesar de las circunstancias, lo mandaban para Cuba. O para Corea del Norte. O decían que tenía que haber emigrado mucho antes. Que solo necesitamos aquellos que se quedan aquí. Hasta le insultan. Le asocian a la política, de la que se disoció activamente hace décadas (mientras estuvo con ella contribuyó, a su modesta manera, como otros músicos, escritores, cineastas y artistas, para la liberación de un pueblo). Y también pregunta qué hará allá: ¿limpiar baños y cocinas? ¿Vivir de su dorada jubilación? ¿Pillar un “curro” proporcionado por los “amiguitos”? Hubo hasta quien, con una ironía insospechada, le pidió que “no cobrase su jubilación portuguesa”. Los doscientos y poco euros.

Entiendo el desamor. Siempre lo entendí; es natural, incluso más natural cuando vivimos como vivimos y donde vivimos y con las dificultades que atravesamos. Lo que no entiendo es el odio. Mi padre, que es una persona llena de defectos como todos nosotros —como todos los autores de estos insultos—, hizo lo que le quedaba por hacer.

Se quiera o no, él forma parte de la historia de la música en Portugal. Solo, o con Ary dos Santos, o junto con algunas de las voces más apreciadas por el público de hoy —Carminho, Carlos do Carmo, Mariza, son incontables— , hizo algunos de los temas que perdurarán mientras nos sea permitido oír música.

Poco importa quién es el hombre, eso queda reservado para la intimidad de quien le conoce. Yo le conozco: es un tipo simpático y lleno de humor, que está bien con la vida y que, ayer, se fue con una maleta a la espalda y una guitarra en la mano, a los 65años, cansado de este país donde, más pronto que tarde, aquellos que le mandan para Cuba, Corea del Norte o a limpiar baños y cocinas encontrarán, finalmente, la tierra prometida: un lugar donde no queda nada salvo losreality shows de la televisión, las telenovelas y la vergüenza.

Nuestros gobernantes se han preparado para anunciar, contentísimos, el fin de la crisis, olvidando decir todo lo que se ha llevado por delante. La primera cosa fue la cultura, que es el patrimonio de un país. La segunda fue la felicidad, que está ausente de los rostros de quien anda por la calle todos los días. La tercera fue la esperanza. Y la cuarta fue mi país, y otros como él, que se niegan a ser gobernados por gente que hace de todo para darle el jaque mate —país lleno de personas, como mi padre, llenas de defectos, peor que quisieran construir un país mejor para sus hijos y para los nietos. Fracasaron en ese propósito; se engañaron al pensar que podíamos cambiar.

No queremos cambiar. Queremos esta miseria, la admitimos, la dejamos entrar. Y algunos de nosotros incluso están ahí para insultar, desde la comodidad de sus sofás, a aquel que, por no tener trabajo aquí —y que necesita trabajar para, a los 65 años, no transformarse en un fantasma o un pedigüeño—, hizo las maletas, cogió la guitarra y se fue lejos.

Ayer, al acostarme, le imaginé solo dentro del avión, soñando con el futuro; de buen ánimo, con una sonrisa en los labios. Y le voy a echar mucho de menos, pero me quedo con suspicacias. Me duele saber que, ayer, mi padre se fue lejos.

Versión original, aquí

Conexto original: Público.pt

Traducción al español del traductor Javier Hernández Fernández