La poesía es deriva

Creación, ensayo y crítica

Aquellos años

¿Recuerdas aquellos años? Asistíamos a un espectáculo único, sin duda, aquel espectáculo que parecíamos contemplar siempre desde una piscina cubierta, en medio de una bruma y la visión de la anguila mitológica, medio sorprendidos y medio distraídos, en ese instante equilibrista que tanto conocimos y aprendimos a domar mientras otros retrasaban el paso con el que podrían acompañarnos…

Tú y yo nos entregamos a la minería más auténtica, excavar lugares en los que añejar la carne y nuestra letra. Siempre el mismo día… Y así hemos llegado hasta aquí y hasta ahora. Siempre mirando otros horizontes rodeados de monos.

Los muebles

Y todos esos muebles que deciden irse,

quemándose ellos mismos

sobre un montón de olvido.

Calima de hoy

que saluda una mañana más

-y tú dando los buenos días-

una tarde más

-y te levantas y comes; recoges la casa-

un día mas,

que solamente esperará

hasta que anochezca.

 

***

 

galletas y orujo

un plato de colores

sueño y recuerdos

frente al televisor

 

nadie vendrá porque

ya acá estamos,

durmiendo esos muebles

que alientan nuestras cabezas.

 

***

 

las horas

las sábanas caídas

esta mañana cerrada.

la tierna calima se ha ido

-mamá.

Y casi no sé ya

qué hacer.

 

brinden y ni piensen en olvidarse

De camino a casa dejo atrás algunas parejas de guiris, no recuerdo si son vecinos, vivimos vidas distintas, nuestra realidad es diferente. Cuando casi llego a la esquina de la calle antes de doblar hacia mi apartamento, ellas, las veo. Primero llevo mis ojos hacia a ella, pierna arriba: ropa de deporte, ropa corta, mucho más allá de lo que diríamos muslo; pasea a un par de perros, de esos pequeños, con personalidad, no son ratas de compañía; y la miro de nuevo pues obviamente el contraste de colores, negro de su ropa, blanco con leve color a sol en la piel, llama la atención, y una cierta curvatura más allá de su espalda. Pero entonces casi al pasarla vuelvo mi vista hacia Ella. Ella es la otra de esta conversación de vecinos, Ella me reconoce, y yo la reconozco. Sigo caminando y ya ahora doblo la esquina curva y vuelvo la vista atrás, y es Ella. La reconozco. Ella me reconoce también una vez más y ya en el portal de mi casa vuelvo a buscarla y la encuentro y encuentro que ella también me busca. Nos conocemos aunque me lleve treinta y pico años y hubiéramos hablando en la terraza de un restaurante italiana a las tantas de la noche y con tantos números de copas encima y yo a la espera de una de tantas superlunas de este año… Ella y yo. Coincidimos en algún lugar, en alguna hoja de la vida que se pasa, en alguna línea de ese diálogo que continúa para dos después de que ambos se hablen, brinden y ni piensen en olvidarse.

De noche, 1 de n

De chico tenías miedo a la oscuridad

y tu escaso conocimiento perdía siempre

ante los juegos de las sombras y la pupila,

ante los tratos de los ruidos y sonidos

y tus agujeros timpánicos. El corazón parecía

empeñarse más en latir, agitando ciegamente

todos los capilares y membranas posibles.

Un día viste al Hombrelobo atravesar el pasillo

por el marco de tu habitación,

incluso la mano de un Rey Mago de Oriente

tocando tu hombro casi dormido… Y cuando llegó

el conocimiento, lento, siempre, y con dolor muchas veces,

viste un día en una habitación de La Laguna

la silueta de un fantasma que aprobaba tus deseos….

 

La noches, ahora, es otra cosa:

todo se aquieta o tiembla,

todo se silencia entre el cristal de los vasos,

las velas son las luces que pintaban calor en el pasillo de casa;

la vela ahora eres tú.

Porque la noche sigue siendo la misma.