La poesía es deriva

Poesía, traducción, ensayo y crítica literaria

Etiqueta: resistencia

Patrícia Portela, traducción de extracto de “En la hora de comer al entrenador”

Reading Time: 3 minutes

[…] Estoy a tu lado, despierta. Ya raya el día y sólo ahora te dormiste. Es entre las dos y las seis de la mañana que nos encontramos, todas las noches, en nuestra habitación. Yo, porque llego siempre tarde de la redacción, ceno de pie y de camino a casa mientras voy cerrando otra edición más del periódico. Tú, porque no tienes trabajo, porque perdiste el interés por todo y atraviesas la noche, arrastrándote, evitando el nuevo día.

Vivimos hace 15 años en esta distancia. Tú, enviciado en las zonas de conflicto armado a las que te vas siempre que puedes; yo, enviciada en la próxima noticia con la que pondré patas arriba el mundo. Me prometiste que nunca más aceptarías un reportaje de guerra pero todas las noches fotografías una batalla nocturna más. Soy yo quien te despierta de tus pesadillas, quien te limpia el sudor, la baba que se te escapa. Soy yo quien te aprieta contra mí para alejar los delirios con las canciones que tú mismo me enseñaste a cantar. No tuvimos hijos, no compramos una casa con jardín, no acumulamos ni deudas ni dinero, pero ahora tenemos tiempo, tenemos un techo y un insomnio permanente. No es fácil dormir frente a la visible inutilidad de tanta catástrofe diaria.

El sueño no puede eliminarse pero puede destruirse, reducirse y maltratarse con la vida que llevamos desde que nos despertamos. Son tantas las noches que recorremos a la vez, un paso tú, un paso yo, abrazados a la sombra, interrumpiendo el presente aquí y allí con nuestros fantasmas nocturnos y los sueños por cumplir. Son tantas las noches en que nos acostamos de manos dados con la memoria, intentando ser algo más que sólo este limbo, y ejercitamos un equilibrio permanente entre la extenuación y un renacimiento a dos.

Tú nunca vuelves de las zonas de conflicto —te susurro en los días más difíciles. Tú me respondes que no hay nada más bonito que verme dormir, que podrías contemplar durante horas infinitas el diseño de mis cejas y acariciar los caracoles de mi tupida cabellera.

Nuestra vigilia es el vehículo de un deseo consciente de cambio, voluntariamente desconectados de la matriz diaria para cuidarnos el uno al otro, señal de que aún confiamos en nosotros. Mientras todos se exponen, ahí fuera, en las redes virtuales o en los bares nocturnos de la ciudad, nosotros nos encerramos en la habitación y vivimos sin avances ni retrocesos, como si fuésemos una tienda de artículos de segunda mano, un lugar contra la sociedad de consumo, reciclando hasta nuestros días más inútiles, repitiéndonos en las costumbres y en las conversaciones, deambulando sin límites ni objetivos. Es al descansar del día cuando compartimos el abandono de la conciencia donde tú y yo nos encontramos, tal y como siempre fuimos, en un tiempo suspendido que es sólo nuestro, donde nadie nos puede convencer de absolutamente nada.

Es en ese extraño momento en el que ambos nos detenemos y nos juntamos a la multitud de soñadores de la ciudad. Apagamos las luces como si no faltase nada más, ni dinero, ni trabajo, ni aflicciones, solamente estos cuerpos ignorando a los espectros. Quizás fuera Freud el primero en dejar constancia de todo esto cuando afirmó que los sueños no son más que piezas de una infancia reprimida, olvidando que también pueden ser ensayos secretos de un futuro mejor.[…]

Leer más

Source http://www.algumapoesia.com.br/poesia3/

Eugénio de Andrade, traducción y selección de poemas inéditos

Reading Time: 2 minutes

VIAJE

 

Iremos juntos separados,

las palabras mordidas una a una,

taciturnas, centelleantes

—oh mi amor, constelación de bruma,

hombro de mis brazos vacilantes.

Olvidados, recordados, repetidos

en la boca de los amantes que se besan

en lo alto de los navíos;

deshechos ambos, ambos enteros,

en el rastro de los peces luminosos,

ahogados en la voz de los marinos.

 

NO ES VERDAD

 

Cae, como antaño, de las estrellas

un frío que se extiende por la ciudad.

No es de noche ni de día, es el tiempo ardiente

de la memoria de las cosas sin edad.

 

Lo que soñé cabe en tus manos

desgastadas de tejer melancolía:

un país que crece en libertad,

entre almiares de trigo y de alegría.

 

Pero la muerte pasea por las habitaciones,

ronda las esquinas, entra en los navíos,

su mirada es verde, su vestido blanco,

huelen a ceniza sus dedos fríos.

 

Entre un cielo sin color y montañas de carbón

el ardor de las estaciones cae podrido;

los mástiles y las casas escurren las sombras,

sólo la sangre brilla endurecida.

 

No es verdad tanta tienda de perfumes,

no es verdad tanta rosa descepada,

tanto puente de humo, tanta ropa oscura,

tanto reloj, tanta paloma asesinada.

 

No quiero para mi tanto veneno,

tanta madrugada barrida por el hielo,

ni ojos pintados donde muere del día,

ni besos de lágrimas en mi pelo.

 

Amanece.

Un gallo raya el silencio

dibujando tu rostro en los tejados.

Yo hablo del jardín donde comienza

un día claro de amantes entrelazados.

 

ELEGÍA Y DESTRUCCIÓN

 

De ese tiempo en que se sigue siendo niño

durante miles de años,

traje conmigo un aroma de resina,

traje también los juncos rojos

que ladean la orilla del silencio,

en este cuarto, ahora habitado por el viento;

traje incluso una mirada húmeda

en la que los pájaros perpetúan el cielo.

 

Difícilmente olvido la calle donde encontré

tus ojos inmensos, fascinados

por el fulgor secreto de las espadas,

la casa donde te conté, con las manos trémulas,

la parábola del pan y del vino,

dando a cada palabra un rostro nuevo.

 

La ciudad donde te amé fue arrancada

y no puedo destruir a los centinelas del miedo.

Pero tampoco puedo dejar de quererte

con besos y relámpagos,

con sueños que tropiezan en las paredes

y se alimentan de terror y de alegría,

mientras el tiempo sigue sollozando.

 

¿Qué me queréis verdes sombras de luna

en mi cama donde adormece el frío?

Aquí estoy, más alto que el trigo,

sangrando en los pétalos del día,

y sin recelo de que a nuestros gritos

aun los llamen brisa.

Leer más

Creado con WordPress & Tema de Anders Norén