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Cuando la Bella Dama se hago cargo, finalmente,

de mi historial, querría encargar una investigación

en profundidad de las causas y los causantes de mi muerte;

quiero saber si Dios, si mi padre o mi madre,

si mis hermanos, mis amigos y enemigos,

si mis profesores o mis compañeros de clase,

si mi jefe y mis colegas de trabajo,

si un vino picado o ron mal servido son culpables,

o si fueron, por casualidad, testigos de mi fallecimiento.

 

Sobre todo, y es muy importante para mí,

si el Amor, el Deseo, o el Querer,

con todas las mujeres implicadas en ello,

han sido homicidas involuntarios de mi muerte.

Ellas…que queden absueltas. Por supuesto.

No aguantaría tanto culpabilidad…

Cuando el Sol se pare para mí,

quiero que festejen mi vida,

que me saquen de baile vestido de tablas

con mucha música y cerveza,

y absenta, y ron;

la comida, que no falte,

que no falten las historias de Carcosa La Vieja,

¿que no escatimen con Johnny!

El día de mi último sueño

quiero tertulianos que no sepan nada de mí

hablando en la televisión;

quiero parodias de esos charlatanes y de mi vida

y que alguien se ría de tanto morbo absurdo;

que beba, que no deje de hacerlo.

Que no deje de besarte.

Quiero premios y medallas póstumas al mejor

cachanchán, un asiento de muerto en una institución importante;

quiero que la OMS declaré una pandemia mundial,

la que sea, y una crisis, me igual el sabor…

Sólo pido un poco de respeto a las entidades financieras,

y algo de resignación:

los mediocres y los cobardes, las cucarachas

y los escarabajos de la mierda… tienen derecho a vivir.

 

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