El color amarillo inunda Facebook. Inunda, o casi; abunda más bien y no es que ganase la Unión Deportiva Las Palmas. El color amarillo ha tomado los perfiles izquierdos y derechos de muchos usuarios en la red social como medida de “presión” sobre el presidente del gobierno... que bueno, decir presión, a este respecto, y “presidente”, refiriéndonos a Rajoy, y decir, incluso, “gobierno” es algo contradictorio, en el primer caso, e inútil, infame, sarcástico, cáustico, o muy inocentón y crédulo, una perversión, para el segundo. El amarillo... Según varias páginas en Internet es el color que aporta felicidad, alegría, que “simboliza el lujo y el estar de fiesta cada día”, “El amarillo simboliza la luz del sol... la inteligencia y la energía... estimula la actividad mental y genera energía muscular...”. Se suele asociar también, según la fuente, con el intelecto y la expresión de los propios pensamientos, con el poder de discernir y discriminar, con la memoria y las ideas claras, el poder de decisión y la capacidad de juzgar. En el otro lado de esta balanza de parabienes, algunas descripciones matizan que tiene la capacidad de infundir miedo o temor a quien lo viste o ve, debido a su capacidad colorífica de perturbar e inquietar. Se llega a afirmar que los bebés lloran más si la habitación es amarilla y que, en los últimos tiempos, se asocia con la cobardía. Facebook es fértil en bulos, mensajes encadenados, mensajes manipuladores del tipo “Si amas la vida comparte esta foto...” (foto de un perro, embrión o feto aplastado). Además, desde hace unos años se estilan “campañas” o “propuestas” del tipo “Si estás en contra del uso de la policía como mecanismo represor, pone esta imagen como tu foto de perfil”; y otras más creativas e, incluso, con un objetivo de culturizar la Red del tipo “Este es el artista XYZ, si le das a Me Gusta te asigno otro artista para que lo compartas en tu Muro. Y tienes que hacer lo mismo con las personas que hagan clic en “Me Gusta” en tu Muro. Esta última iniciativa de “Mengano” recorre artistas, fotógrafos, ilustradores y escritores, pero tiene un gran “Pero”... El “Pero” es grande, desde mi punto de vista, y síntoma de los Fast Times que vivimos y donde parece no haber tiempo ni para leer un artículo de prensa o unas hojas de libro mientras se toma una agüita guisá, un café solo o un lechileche; donde no hay tiempo para Vivir... O grande “Pero” es que se mira la obra de arte como quien mirara un coche pasar: no vemos el coche, solo queda en nuestro cerebro el efecto Doppler del IiiiiiiAAauunnnn... Así encuentro la iniciativa del color amarillo en el perfil de Facebook como la más inútil de todas las que he visto. Desde mi punto de vista, no logra nada y solo sirve para la propia descarga emocional tranquila y “civilizada”, esa de la que se aprovechan los infames, como si se buscara una catarsis colectiva: no sentirnos solos, compartir el miedo, la rabia, la furia... La veo como una “acción” más, una performance que se queda en el mero entretenernos frente al ordenador, sin reflexionar. Porque lo que toca ahora es salir a la calle, reflexionar con vecinos, amigos y compañeros, organizar acciones vecinales que reduzcan, por ejemplo, la necesidad del barrio, cambiar los hábitos consumistas que nos han hecho esclavos y chuchangos acomodados...

Un color, amarillo.

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Me revuelco con varias historias y parece que voy ciego. Veo ballenas que son islas e islas que hace años mataban ballenas y tallaban sus dientes. Pienso en amarillo, esa lluvia leve, lluvia carente, pienso en una tribu toda alzando la voz alrededor del fuego. Es la catarsis de unas manos, de un lamento tan antiguo como inútil. Buscan al mago, al chamán, al héroe, al jefe, buscan a otro que no sean ellos mismos. Y así caminan, ellos avanzan, y los pies tan cerca a veces del suelo que comienzan a arde poco a poco… Es casi un silencioso suicidio de la voluntad colectiva, un ritual de esclavizada purificación a través del fuego de la rabia, la tristeza, la furia, la impotencia. Nuestros antepasados se revuelven en el pantano más oscuro de la carne que decide permanecer inane, que murmura, y nada más, bajo las sábanas de sus propios espejismos: “Habrá que limitarse a arder”.

Una y otra vez la Historia y dos mil años de Historia para esto… Aunque rueden y rueden los libros empeñados en ensartarnos sobre cada hoja para darnos otra vida y sacarnos a la calle, la tribu nos niega y aparta. Todo cheira a pupilas inmóviles y quemadas.

 

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