Hablar por hablar

Crítica a «La escritura de la crítica»

La escritura de la crítica es el título de la entrevista que Domingo-Luis Hernández, profesor titular de Literatura Española (Universidad de La Laguna), realiza a Victoriano Santana Sanjurjo, escritor, reseñador en diversos medios, profesor y doctorado en Filología Española por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, con motivo de la publicación de su último libro Soltadas 2 y, de paso, para hablar de crítica literaria. En dicha entrevista, Domingo-Luis Hernández valora el nuevo libro de Santana Sanjurjo como un libro en el que el autor persiste

«[…] en la pericia crítica que desplegó en la entrega anterior[…]»

Afirmando que se trata de una

« […]espléndida obra, sin duda una de las mejoras tareas de la crítica en Canarias[…]».

Como lectores, tendemos a confiar de manera casi natural en las palabras que leemos publicadas, sean entrevistas, artículos de opinión, ensayos o estudios. Confiamos en lo que dicen sus autores… al menos inicialmente. Esta confianza se irá luego ajustando a medida que avancemos con la lectura y vayamos conociendo el pie del que cojea el entrevistador, el entrevistado, o ambos. En esta entrevista, ya desde los dos primeros párrafos, esta nuestra espontánea confianza se diluye rápidamente, pues las afirmaciones del entrevistador sobre Victoriano Santana Sanjurjo, que poco menos lo elevan hasta el Olimpo de la crítica literaria en Canarias, se sitúan en las antípodas de lo que el entrevistado demuestra conocer.

Victoriano Santana Sanjurjo parece mirar hacia otro lado cuando elude responder directamente a la primera (y directísima) pregunta del entrevistador: «¿cómo definir la crítica literaria?» En su lugar, se entrega a divagaciones como las siguientes:

«Todo lector, por el mero hecho de serlo, posee la condición de crítico literario. Desde el instante mismo de la selección de lecturas, desde el momento de la aceptación de un título y el rechazo de otros (por supuesto, bajo sus propios parámetros) ya está asumiendo el rol de crítico.[…]»

«[…]Si además de elegir, se pronuncia públicamente sobre la elección, su función de crítico se afianza aún más, con independencia de la conexión que seamos capaces de mantener con su posición ante el título del que nos habla.[…]»

Eludir una respuesta directa nos da pistas acerca de nuestro interlocutor, de cómo es, de lo que verdaderamente sabe, o de ambas cosas al mismo tiempo. Podría indicarnos, por ejemplo, que a este le gusta regodearse o vagar por entre sus pensamientos —porque, esto, a su vez, y como leemos en la entrevista, le permite presentarse con un discurso engolado y afectado—. También, y sencillamente, que sus reflexiones sobre el tema acerca del que se le pregunta son superficiales… A veces, incluso, delata que nuestro interlocutor no sabe de lo que habla.

En este caso, las respuestas de Victoriano Santana Sanjurjo demuestran, como mínimo, que nada en un mar de confusiones y que no dispone de una idea propia y reconocible, con un mínimo de hondura, acerca de lo que es la crítica literaria. No de otra manera se explica que, siendo Victoriano Santana Sanjurjo doctor en Filología Española (además de reseñador), confunda la crítica literaria con una especie de condición que todo lector poseería por el mero hecho de serlo equivalente a ser crítico gastronómico por el mero hecho de ser capaz de comer—; y que afirme que la crítica literaria es una actividad que se consolida por la simple manifestación pública del título del libro que vamos a leer. Por si fuera poco, para completar tales sinsentidos, el doctor en Filología añade que la crítica literaria

«[…] vendría a ser la acción que empuja a un individuo a opinar sobre un texto […]»

En otras palabras, que la crítica literaria sería una acción que existe antes de sí misma.

Seamos tiquismiquis. La crítica literaria es aquel proceso de comprensión lectora cuyo objetivo es concretizar, oralmente o por escrito, el resultado elaborado de nuestro análisis, interpretación y valoración de una obra literaria, aportando argumentos que sostengan nuestra interpretación y valoración, además de ejemplos cuando sea posible. El crítico literario es aquella persona que, con el objetivo de concretizar una crítica literaria, elige un libro y lo lee críticamente, es decir, lo analiza, interpreta y valora. Con estas definiciones en mano, queda claro que saber leer es condición indispensable para poder escribir una crítica literaria y que el hábito lector —y, por extensión, la formación del crítico— ofrece la posibilidad de alcanzar una mayor hondura en nuestras lecturas y críticas.

De la misma manera, elegir y leer un libro y comunicar públicamente su título no es más que un acto de la voluntad del lector, destinado a satisfacer sus necesidades íntimas; y lo seguirá siendo, sin ir más allá, mientras el lector no lea con el objetivo previo de hacer crítica literaria. En resumen, que una cosa es ser crítico literario —leer un libro con el objetivo previo de hacer crítica literaria— y otra cosa muy distinta es elegir un libro y decirles a los demás que lo vamos a leer. Ambos son actos volitivos, sí; pero con fines distintos.

Dicho esto, queda claro también que la crítica literaria no es, ni puede ser, una «[…] acción que empuja a un individuo a opinar sobre un texto […]», como sostiene Victoriano Santana Sanjurjo. Muy al contrario, la crítica literaria es una decisión voluntaria, consciente, previa a un proceso de lectura analítica, interpretativa y valorativa, cuyo objetivo es materializarse oralmente o por escrito. De ahí que piense que Victoriano Santana Sanjurjo anda confundidísimo respecto a lo que es la crítica literaria —pareciendo incluso que no sabe lo que es— o que busque adular a los lectores; y que su práctica de una crítica de «convite», como él mismo la denomina, esa crítica reducida a lo que gusta —por tanto, crítica plácida y amigable— oculta deliberadamente a los lectores esa otra parte de la realidad literaria que él lee y que oculta porque no le ha gustado; pero que existe. Ocultación, esta, premeditada, por tanto, y que acaba por distorsionar la percepción de los lectores acerca del estado de la literatura en general, y de la literatura en Canarias en particular.

«La comedia sin dios», ¡nuevo libro!

La poesía es una de las formas del conocimiento y, en ella, los poemas materializan las ideas que la animan y ensanchan. “La comedia sin dios” reúne un conjunto de poemas que, tras 11 años de escritura y reflexión sobre la soledad, el cambio, el amor y el deseo, la muerte, el dolor y el miedo, ficcionalizan el resultado de tales reflexiones.

«La comedia sin dios» es este primer intento poético de señalar, sobre un mapa inacabable, unas coordenadas que pueda reconocer como propias.

Aquí algunos poemas:

Espacio inerte este cielo asediado
y encinto de cenizas. Las horas
ejecutan aquí su condena,
su poco vientre comerciando soledad.

Podría abandonarme ahora sobre un lecho
de algas, bajo bolsas de plástico blanco.
Y huirme

***
     

 
te miras en el cristal
de una ventana,
en el espejo o
en el retrovisor,
y allí te descubres.
Reconoces en ti
el temblor e intentas
esconderte. Sabes,
entonces, que no vas
a llorar, hoy no
repica desahogo,
y no vale la pena.
En este preciso
instante alguien posa
de nuevo los párpados
sobre tus ojos.

*** 

    
No sé qué luz es esta,
en este patio, a estas
cinco y media de la tarde.
No sé qué luz, pero ya
es sobre los faroles
de cobre, bajo las tejas
verdes, frente a la ropa
tendida que aún seca
por navidad.
Promesas, de paz y recuerdos,
que acompañan hoy dos medias
vidas separadas por unas sillas.

 
No sé qué luz es esta,
en este patio, a estas
cinco y media de la tarde.
No sé qué luz, pero ya
es sobre los faroles
de cobre, bajo las tejas
verdes, frente a la ropa
tendida que aún seca
por navidad.
Promesas, de paz y recuerdos,
que acompañan hoy dos medias
vidas separadas por unas sillas.
 

 
***
 

    
Puerto preñado. Son engendros
metálicos que lo habitan liberando
sus esporas, ruido en el aire para la luz
y cabezas sobre una arena negra
presa de negros luceros.

Útero extraño, el puerto.
Extraños los huesos quebrados
sobre aceite de motor y excrementos,
el llanto de máquinas sin memoria
ofrecido a seres enjaulados tras los cristales.
     

 
***
 

    
He sobrevivido a la lengua
que estrangulabas tras los dientes.
De esa misma lengua brotaron
todas las flores que masticamos juntos.</em>

***
 

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Fauna literaria

Los bonobos (I)

Sin duda alguna, el bonobo es uno de los animales, junto con las cucarachas, que mejor representa con sus comportamientos y rituales a la mayoría de escritores canarios. Sí, poetas también. Los escritores en Canarias son juguetones y cariñosos, sociales y muy sociables en redes sociales, como los bonobos. A toda costa eluden el conflicto con artes diversas, incluso cuando alguna dignidad o valentía intelectual exigiría lo contrario, por aquello de aportar al desarrollo del pensamiento en la cultura y la sociedad donde escriben y publican, donde compran sus libros y los agasajan con premios y son invitados a participar en talleres, festivales y eventos diversos.

Entre estos bonobos literarios (lat. litterarum bonobo), los comportamientos a lo zorro y a la múa son las tácticas predilectas con las cuales algunos individuos satisfacen sus objetivos o ambiciones individuales. Y hablar de ambición para este grupo de bonobos, ya es exagerar. No obstante, si algún individuo muestra un carácter “innovador” y, por ejemplo, declama espontáneamente ideas o razonamientos (de algún brillo) ante el grupo o lanza abiertamente un tenique (o un pedazo de mierda) al aire, si bien que mal disimuladamente dirigido a los otros, esconderá luego la mano, ágil y rápidamente, por mucho que lo delaten miradas de desaprobación. Eso sí, antes de esconderla  se regodeará en la gracia, técnica y brillo de su gesto y palabras. En estas situaciones, y justo después de las miradas de desaprobación, aparece invariablemente la figura del “protector”, ese bonobo que siempre negará en su protegido otras intenciones distintas de las que este afirme, irguiéndose incluso como único intérprete válido de los gestos y palabras de su protegido.

Por lo tanto, según el protector, sería erróneo percibir algún afán violento o de violentar la paz social en la piedra que su defendido libera del yugo de su propia mano. Así, tirar la mierda y esconder la mano mientras se detiene el gesto grácil e inteligente del pensamiento creador, no será, por tanto, cosa distinta del primitivo gesto del juego: exhibicionista por definición y sin lugar para que se pueda hablar de cobardía. En otras palabras, la elocuencia de la piedra apenas buscaría recordar a los demás primates la diferente vitalidad, el destacado lugar dentro del grupo de aquel que ejecuta su lanzamiento; por otro lado, siempre humilde, desapegado, pues la mano se esconde rechazando todo protagonismo.

Parecen olvidar estos traviesos ejemplares que no son así diferentes al resto, ni siquiera a aquellos que más menosprecian. La piedra, la negación de sus intenciones (y de explicarlas o aclararlas), la actitud esquiva de su propia mano no es otra cosa que una manera más de llamar la atención con el pobre objetivo de conseguir un “quiéreme y acaríciame”. Y, como buenos bonobos, acabar follando unos con otros (virtualmente, al menos) para descargar tensiones y frustraciones, satisfaciendo de paso la propia vanidad.

«Poemas de la isla y de mí», crítica a una traducción (y una práctica de edición)

A la publicación de Poemas de la isla y de mí (1908 – 1991) del autor madeirense João Carlos Abreu, editado para la colección Biblioteca Atlántica (Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, 2019) y cuya traducción ejecutó Aquiles García Brito, se le debe reconocer la labor y el trabajo de publicar, por primera vez en español, a este autor portugués hasta ahora desconocido en nuestro idioma. No obstante, y tristemente como mostraré a lo largo de estas notas, la selección del “traductor” no fue ni oportuna ni acertada, ni parece haberse fundamentado en criterios profesionales.

A continuación, se expondrán solamente algunos de los errores encontrados entre las páginas 50 y 159 del libro.

En Poemas de la isla y de mí (1908 – 1991), edición bilingüe del Gobierno de Canarias con traducción de Aquiles García Brito, se identifican una serie de errores de edición y traducción que pueden resumirse en los siguientes: Errores de edición y Errores de traducción (o desconocimiento de la lengua portuguesa).

Errores de edición

En su “nota del traductor”, Aquiles García Brito afirma lo siguiente:

[…] Anecdóticos son aquellos en los que se presentan algunas posibles erratas, que no se han corregido en el original pero sí, lógicamente, en la traducción. […]

Esos casos “anecdóticos” no son otra cosa que erratas en el texto portugués que se dejan sin corregir, y que aparecen, como mínimo, en las páginas 84, 94, 102, 104, 108, 138, 154 (esta última con 5 erratas), para sumar un total de 11 erratas. Once erratas que fueron detectadas en el texto portugués pero que se decidió no corregir. ¿Por qué?

¿Cómo justificar una edición bilingüe con erratas en el texto original si resultan fácilmente corregibles si

A) el traductor conoce la lengua desde la que traduce y

B) el autor está vivo para consultar con él posibles dudas de caligrafía?

Ante una publicación con erratas que son absultamente evitable, me pregunto ¿si los editores y el propio traductor no desmerecen así la propia publicación de la obra (y a su autor), además de  la imagen y los recursos dedicados a la colección Biblioteca Atlántica? ¿Qué lleva al encargado de la traducción a no corregir tales erratas, cuando estas son absolutamente evitables? ¿Qué hace que los responsables de la edición acepten tales erratas?

Errores de traducción (o desconocimiento de la lengua portuguesa)

Igualmente en la “nota del traductor” se afirma lo siguiente:

[…] Además, como poeta que traduce a otro poeta, un alma gemela, he tenido muy en cuenta no perder ninguno de los elementos poéticos originales, bien fuera la metáfora o la imagen, el ritmo, la sonoridad o incluso la rima que se da en algún poema, adaptándolos, a su vez, a los de nuestra lírica, afectando positivamente a la traducción final […]

Sin entrar a valorar ese hacer literario de Aquiles García Brito quien afirma que su condicion de poeta, le otorga una comprensión y un saber hacer traductológico que garantizan una traducción de poesía bien hecha, así como “no perder ninguno de los elementos poéticos originales”, sí recordaremos aquí lo que ya debería saberse:

  • Escribir versos, “ser poeta”, no garantiza una buena labor traductora.
  • “Ser poeta”, de hecho, puede viciar y deformar una traducción.
  • Ser nativo de un idioma no garantiza ni una buena traducción, ni una buena revisión.
  • Es el conocimiento de la propia lengua y de la lengua desde la que se traduce, es la lectura, el análisis y el estudio del texto original, la identificación de su registro, sus coordenadas literarias, es la conformación de una interpretación aceptable coherente (dentro de un horizonte de posibles) del texto original lo que proporciona una guía mínima, para aspirar a una buena traducción; sin mencionar la necesaria experiencia reflexiva acerca de los procesos creativos, racionales y poéticos del texto literario.

Todo lo anterior demuestra desconocer Aquiles García Brito sin reparo, ni pudor.

En la traducción de «Poemas de la isla y de mí» se identifican varios ejemplos que

A) reducen la nota del traductor a un intento de grandilocuencia (que una lectura crítica identifica con facilidad)

B) y delatan graves carencias en lo que se refiere a traducción y conocimiento de lengua portuguesa.

ENCHER/HENCHIR

En el texto original puede leerse:

Fui apenas um pesadelo, mergulhei, por instantes, nas
madrugadas risonhas da minha infâcia:

Mientras que en la traducción:

Fui apenas una pesadilla, margullé, por un momento, en
las madrugadas alegres de mi niñez:

Otra vez, el que traduce decide ignorar gratuitamete las diferencias de registro entre «alegre» y «risonho» en portugués (existentes también en español) así como anular la voluntad del autor, Joao Carlos Abreu, que había elegido para sus versos «risonho» (risueño) en lugar de «alegre» (alegre, también en español). Aquiles García Brito decide unilateralmente, otra vez sin  sostén alguno en el contexto y las coordenadas del poema, aplanar el verso del poeta, traduciendo “risonho” por “alegre”.

NÃO SABERMOS/NO SABEMOS

Seguimos leyendo la nota del traductor:

[…]De igual forma, el original portugués se ha respetado en todos los casos, salvo en aquellos que, por imperativo, no se pudiera –muy pocos-.[…]

En esta ocasión la “nota del traductor” promete respetar el texto original, sin detallar su idea de lo que es ese respeto, y no ofrece detalles de esos casos o decisiones “imperativas” donde, elocuentemente, arriesgó en su traducción. Los errores detectados, sin embargo, desmienten tales casos imperativos y resalta, una vez más :

A) un claro desconocimiento de aspectos básicos de la lengua portuguesa,

B) una idea de traducción que no va más allá del uso de un diccionario y

C) resolver “al gusto” o aleatoriamente las cuestiones relativas a la traducción.

Así, en la siguiente estrofa:

Tenho pensado:
Cada Primavera traz-nos a certeza da vida.
O ridículo está em ti, em mim,
não sabermos construir uma casa flutuante,
com sol, lua e paisagem.

Que se ha traducido como:

He pensado:
Cada primavera nos trae la certeza de la vida.
El ridículo está en ti, en mí,
no sabemos construir una casa flotante,
con sol, luna y paisaje.


Aquí el respeto al original que predica el traductor se “ejemplifica” dando “no sabemos” por traducción correcta de “não sabermos”, estructura típica de la lengua portuguesa denominada “infinitivo pessoal” que indica subordinación y que, en español, se traduciría por estructuras del tipo “que no sabemos”, manteniendo así la subordinación del original.

Dicho de otro modo, donde el poeta portugués matiza, explica o ubica la causa que provoca el primer verso en ese desconocer cómo construir una “construir una casa flotante” -responsabilidad y culpa que recae sobre él mismo y una tercera persona-, Aquiles García Brito elimina de un plumazo ese matiz, injustificadamente… tras haber presumido en su nota del traductor de respeto hacia el texto original.

Conocer estas estructuras del portugués se asocia a un nivel C1, nivel mínimo exigible en conocimiento y práctica a cualquier responsable de una traducción. Nivel que este traductor no demuestra tener aquí.

DE BRANCO SE PINTOU/DE BLANCO PINTADA

Otro ejemplo del peculiar “respeto” que aplica Aquiles García Brito a este trabajo lo encontramos en el siguiente poema:

FUTURO

Sonhei que o mar ficou
sem sal
e a terra verde, de branco se pintou:
era uma ilha completamente
diferente,
povoada de esquimós,
com sinfonias de música, exaltando
a agonia do passado.


 

Aquí el poeta sueña con un mar vaciado de sal, sueña con una tierra que ha perdido su verde, una tierra que ha sido pintada de blanco. El poeta imagina una tierra diferente poblada ahora por esquimales, con sinfonías de músicas que exaltan la muerte lenta del pasado.

Mientra que Aquiles García Brito traduce de la siguiente manera:

FUTURO

Soñé que el mar se quedó
sin sal
y la tierra verde, de blanco pintada:
distinta,
poblada de esquimales,
con sinfonías de música, enalteciendo
la agonía del pasado.


Y al hacerlo así Aquiles García Brito vuelve a pasar la apisonadora de matices en “de branco se pintou”, al traducirlo “de blanco pintada”. En este caso se pasa por el forró las acciones que explicita el poeta en los versos para describir lo acontecido en su sueño, y ofrece (como válido) al lector la traducción “de blanco pintada”, caprichosamente, una acción muerta, ya acabada, adjetiva, y lejos de la intención y decisión del poeta madeirense. Donde el poeta enumera una serie de acciones que acontecieron en su sueño, el traductor elimina una de ellas.

NEM MAIS PONTO NEM MAIS VÍRGULA/NI MÁS PUNTO NI MÁS COMA

El poeta João Carlos Abreu en su libro:

Nem mais ponto,
nem mais vírugla.
Porque no ser-se
o que não se é,
conta tudo:

Y Aquiles García Brito traduce:

Ni más punto,
ni más coma.
Porque en el ser
lo que no se es,
cuenta todo:


Los versos “nem mais ponto, nem mais vírgula” corresponden en portugués a una frase hecha que, en español, corresponderían a un “y no se hable más esta todo dicho”, “y ni una palabra más esta todo dicho” o “y no se hable más, esta todo dicho”; incluso podría haberse optado por un “ni un punto ni una coma más”. 

Esta frase hecha y su traducción se enmarcan dentro de los conocimientos mínimos de lengua portuguesa, y de traducción, que se deberían exigir para encargar un proyecto como el de traducir para la Biblioteca Atlántica. El que traduce ignora todo lo anterior, y ofrece al español una frase empastada, extraña, franquestiniana en el contexto del poema.

Conclusión

A la vista de los errores anteriores y otros que abundan en la misma línea, la única conclusión posible que los explica es que Aquiles García Brito no disponía, en el momento de la traducción, de los suficientes conocimientos de lengua portuguesa y, por tanto, nada lo sugería como un candidato válido para traducir este libro, ateniéndonos a criterios de selección estrictamente de experiencia y profesionalidad.

También queda claro que Aquiles García Brito abordó la traducción sin informarse un mínimo acerca de la labor y cuestiones básicas de traducción, sin un mínimo de humildad, y que, a pesar de todo, se creyó capaz de traducir con éxito desde el portugués, probablemente animado (quiero pensar) por buenas intenciones y la engañosa cercanía lingüística entre as lenguas española y portuguesa.

Hoy, con la facilidad que ofrece Internet para buscar y contactar con traductores de portugués-español, y con la existencia en Canarias de dos facultades de traducción e interpretación, además de escuelas oficiales de idiomas y aulas de idiomas donde se enseña portugués, resulta difícil de entender la selección de Aquiles García Brito como traductor solvente para un proyecto de traducción.

Literatura y mediocridad – Notas II

Cuando los capaces no están, o están a sus cosas y por estar a sus cosas abandonan su lugar en el ámbito público, el que sea, los mediocres y los farsantes y los charlatanes, las cucarachas, ocupan su lugar, escurriéndose de un lado a otro como la mierda empapada y disolviéndose en orines.

Literatura y mediocridad – Notas I

De la Literatura, de la Poesía nos enseñan lo que quedó, los restos que sobrevivieron a la época de turno y a sus autores. Apenas se habla de los que obran el rescate, clasificación, estudio y promoción de los restos del naufragio; aquellas humanas personas que, de entre lo leído y hallado y exhumado o revendido seleccionaron, esto sí, esto no según sus gustos, criterios, deseos, vanidades o ignorancias y respetos, admiraciones. Se pasa de puntillas o se ignora, también, la relación entre las condiciones materiales y su mejora con la proliferación de poetas de menor graduación, de inferiores calidades. Tales condiciones materiales, son, de hecho, las que permiten esa otra realidad donde poetas de tercera (y hasta poetas mediocres) publiquen uno y dos y tres y hasta cuatro o cinco libros; y que sus poemas sean traducidos a otros idiomas y se reproduzcan en revistas y antologías internacionales.

«La conjura de los necios», en la ilustración Ignatius O’Reilly.

Son esas mismas condiciones materiales las que lubrican el acercamiento entre tales poetas y los “modernos curadores”, posibilitando que estos, a su vez, entre buenas voluntades, compadreos, comercios o trapicheos varios, operen encuentros internacionales de literatura que, apesar de la calidad de quién los organiza, logran invitar a poetas de verdad, entre otros, alumbrando una ”literaria operación de blanqueamiento” que beneficia, sobre todo, a la vanidad y aspiraciones del organizador.

Es grande la obviedad y no se tiene en cuenta, o no se habla de ello, parece… Todo es fruta, y la fruta se la reparten los monos, los simios, ya saben, bonobos, gorilas, chimpanzés, araguatos, ya saben, mandriles, macacos de cara roja, titís, aulladores y tamarinos. Todo es fruta. Y a veces hasta alguna zarigüeya y una rata topo se abren paso.